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En el mes de Septiembre de 1981, Guillermo Whitelow, a la sazón Director del Museo
de Arte Moderno de Buenos Aires, en ocasión de la inauguración de la
Exposición Homenaje a los 20 años de su muerte, escribió sobre ella:
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"Veinte años han pasado desde la desaparición de Susana Aguirre. La
reflexión que en torno de su obra promueve este hecho, despierta en los
que fuimos sus admiradores y amigos un cúmulo de sensaciones al mismo
tiempo llenas de nostalgia y alegrías. Nostalgia, porque desearíamos verla
aún entre nosotros, compartir con ella - como antaño- los acontecimientos
artísticos del mundo porteño, y disfrutar de su afecto y de su bondad.
Alegría, porque su ausencia es compensada por la presencia de sus cuadros,
llenos de vida y de encanto. La selección que ahora presenta la
Asociación Plásticos de San Isidro reúne ejemplos típicos de su quehacer
pictórico. Recuperamos así un clima que le era particularmente grato: el
de las viejas casas de Buenos Aires y de sus alrededores, que tan bien
conocía, dotada como estaba de un don especial para adentrarse en su
fisonomía y en su diseño. Gracias a su fina paleta, han quedado fijos
en la memoria del tiempo, para placer de la imaginación y testimonio
valioso de un mundo que va desapareciendo, ya se trate de la mansión
"art-nouveau" o del caserón criollo. |
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Las rejas, los miradores, los senderos
de grava roja, las plantas y los árboles, las cúpulas empinadas, los muros
por donde se escurren las enredaderas, urden en sus cuadros un tapiz
rutilante donde no hay lugar para la tristeza. Si algo comunica su
pintura es una dulce serenidad.
Tenemos la impresión de oler los frescos aromas de la tarde, de sentir el
suave toque del viento, de oír el súbito aleteo de un ave sorprendida.
También, nos deja percibir presencias, emanaciones impalpables de las
gentes que habitaban esos sitios. Se me ocurre que debe de haberse sentido muy
plena Susana, cargando sus cartones, sus carbonillas, sus lápices de color, para
bocetar los cuadros que luego pintaba con témperas. |
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Debe de haberse sentido muy plena al
regresar a su casa de la calle Paraná, centro de tantas reuniones
inolvidables, con el tesoro de su incesante búsqueda por plazas, por
cortadas y callejones ignotos, por barrios soñolientos, por largas
avenidas arboladas. Bella tarea la que cumplió a través de los años,
en cuanto se separó de la guía de sus maestros Badi y Butler - a
quienes veneraba - para encontrarse a sí misma con un estilo propio,
perfectamente definido. Mujica Láinez ha dicho con su habitual
perspicacia: 'Si hubiera nacido en Europa, su nombre sería hoy célebre e
integraría los álbumes antológicos dedicados a los pintores naifs, a los
que han hecho de la realidad y del sueño una total esencia conmovedora.'
Nada más cierto. Por eso, el homenaje que le ofrece la Asociación Plásticos
de San Isidro tiene el mérito de permitirnos retomar el contacto con su
obra y recordarnos que habrá que tenerla presente más a menudo, porque
sin pretensiones ni falsos folklorismos, supo reflejar con maravillosa
naturalidad la poesía del entorno urbano."
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